LA VERDAD OCULTA TRAS LA MUERTE DE CUÉN
Una nueva y escalofriante versión sobre el fallecimiento de Héctor Melesio Cuén, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), ha salido a la luz, apuntando a un trágico desenlace durante el presunto secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los líderes históricos del Cártel de Sinaloa. Según el testimonio de un supuesto miembro de la facción de Los Chapitos, la situación se descontroló el pasado 25 de julio de 2024, derivando en la muerte de Cuén y un posterior intento de encubrimiento orquestado por figuras del ámbito de la justicia sinaloense.
El relato, difundido por el periodista Luis Chaparro, sugiere que el evento que cobró la vida de Cuén no fue un simple enfrentamiento, sino una cadena de eventos desafortunados iniciada por un intento de secuestro. Los hechos habrían ocurrido en el rancho Huertos del Pedregal, donde “El Mayo” Zambada se encontraba con sus escoltas. Al percatarse de que se trataba de una trampa, los guardaespaldas de Zambada habrían reaccionado, desatando un intercambio de disparos con los miembros de Los Chapitos presentes en el lugar.
EL ACCIDENTE QUE COSTÓ UNA VIDA
En medio del caos y la confusión, Héctor Melesio Cuén, quien se encontraba en el lugar, resultó herido en una pierna. De acuerdo con el testigo, la lesión inicial no fue mortal. Sin embargo, la situación escaló cuando, tras calmarse los ánimos, Cuén y su acompañante, Fausto ‘N’ (quien ha sido detenido recientemente), fueron atados y presuntamente drogados con una sustancia desconocida mezclada en el agua que les ofrecieron. Para atender la herida de Cuén, los captores le habrían aplicado un torniquete, un procedimiento que, en las circunstancias descritas, pudo haber sido fatal.
El periodista Chaparro ha señalado que parte de esta información pudo ser corroborada con el propio Fausto ‘N’ antes de su detención, lo que añade un peso significativo a la declaración del supuesto testigo. La versión contradice las narrativas previas que sugerían un intento de robo como causa de la muerte de Cuén, planteando en su lugar un escenario mucho más complejo y turbio, directamente ligado a las pugnas internas del crimen organizado.
EL ENCUBRIMIENTO Y LAS AMENAZAS
La trama se complica aún más al señalar la presunta participación de Dámaso Castro Saavedra, exvicefiscal de Sinaloa, en un operativo para encubrir el homicidio de Cuén. Según el testimonio, Los Chapitos habrían amenazado a Fausto ‘N’ para que colaborara en la creación de una historia falsa que desvirtuara los hechos reales. Fausto ‘N’ habría sido obligado a conducir la camioneta hasta una gasolinera, donde se simularía un intento de robo que culminaría con la muerte de Cuén, una versión que posteriormente fue señalada como un montaje por las autoridades.
El testigo relata que, hasta el momento de dirigirse a la gasolinera, Cuén aún se encontraba con vida, aunque herido. El lugar exacto de su muerte, sin embargo, permanece incierto para el declarante. La presión ejercida sobre Fausto ‘N’ no se habría limitado a él; el testigo asegura que familiares suyos, incluyendo un cuñado que permanecía hospitalizado en Nuevo León tras una golpiza, fueron secuestrados y agredidos para asegurar su cooperación y silencio.
CONTEXTO DE VIOLENCIA E IMPUNIDAD
Este testimonio arroja luz sobre la profunda infiltración del crimen organizado en las estructuras de poder en Sinaloa y la impunidad con la que operan ciertos grupos. La muerte de Héctor Melesio Cuén, una figura pública y exrector de una de las universidades más importantes del país, en circunstancias tan violentas y rodeada de un presunto encubrimiento, subraya la alarmante normalización de la violencia y la fragilidad del Estado de derecho en ciertas regiones de México.
Históricamente, Sinaloa ha sido un bastión del narcotráfico, y las disputas entre facciones, como la que se presume ocurrió entre Los Chapitos y otros grupos, han dejado un rastro de sangre y desolación. La figura de “El Mayo” Zambada, aunque menos visible que la de otros líderes, sigue siendo un pilar fundamental en la estructura del Cártel de Sinaloa, y cualquier intento de atentar contra su seguridad o la de sus allegados tiene repercusiones directas en el equilibrio de poder del narco.
IMPLICACIONES POLÍTICAS Y SOCIALES
La revelación de este testimonio tiene implicaciones significativas. Por un lado, pone en entredicho la efectividad de las autoridades para garantizar la seguridad y la justicia. La presunta participación de un exvicefiscal en un encubrimiento sugiere un nivel de corrupción que socava la confianza pública en las instituciones.
Por otro lado, la muerte de Cuén, un personaje con influencia académica y política, genera interrogantes sobre las motivaciones detrás de su presencia en un evento de tal magnitud y las posibles conexiones que pudiera tener con el mundo del crimen organizado. La versión del testigo, si bien impactante, abre la puerta a múltiples líneas de investigación y a la necesidad de una revisión exhaustiva de los hechos por parte de las autoridades federales, dada la complejidad y las figuras involucradas.
EL ROL DE LOS CHAPITOS
La mención de Los Chapitos como presuntos responsables del incidente y del posterior montaje es particularmente relevante. Esta facción, liderada por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, ha sido señalada en diversas ocasiones por su creciente poder y su modus operandi violento. Su presunta implicación en el secuestro de “El Mayo” Zambada, una figura de autoridad dentro del mismo cártel, indicaría una fractura interna profunda y una lucha por el control que podría tener consecuencias devastadoras para la región.
El periodista Luis Chaparro ha sido un referente en la cobertura de estos temas, y su trabajo de investigación, que incluye la obtención de testimonios de primera mano, es crucial para entender la compleja realidad del narcotráfico en México. La información proporcionada por su fuente, aunque provenga de un entorno de alta peligrosidad, ofrece una perspectiva invaluable sobre los eventos que rodearon la muerte de Cuén.
¿QUÉ SIGUE?
La difusión de esta nueva versión de los hechos exige una respuesta contundente por parte de las autoridades. Es imperativo que la Fiscalía General de la República (FGR) y las instancias correspondientes inicien una investigación exhaustiva para esclarecer la verdad sobre la muerte de Héctor Melesio Cuén y la presunta participación de miembros del crimen organizado y funcionarios públicos en un encubrimiento.
La detención de Fausto ‘N’ es un paso, pero la clave reside en la corroboración de este testimonio y la identificación de todos los responsables. La sociedad mexicana, y en particular la de Sinaloa, merece respuestas claras y justicia ante hechos que evidencian la profunda crisis de seguridad e impunidad que azota al país. La credibilidad de las instituciones está en juego, y solo una actuación transparente y rigurosa podrá comenzar a restaurarla.