Nayib Bukele, el enigmático presidente de El Salvador, continúa desafiando las percepciones internacionales y las preocupaciones internas, manteniendo una impresionante aprobación del 85.5% al cierre de su segundo año de mandato consecutivo. Esta cifra, aunque representa una ligera caída de 6.4 puntos respecto a enero pasado, sigue siendo un testimonio de su arraigado apoyo popular, según revela una encuesta del rotativo La Prensa Gráfica.
La medición, realizada entre el 15 y el 23 de mayo con mil 200 entrevistas telefónicas y un margen de error de +/- 2.8%, pone de manifiesto un cambio significativo en las prioridades de los salvadoreños. La violencia, que durante años fue el principal flagelo del país y la piedra angular de la popularidad de Bukele, ha sido desplazada por la economía como la mayor preocupación ciudadana.
Este giro en la percepción pública subraya las crecientes inquietudes sobre el costo de la vida y la falta de oportunidades económicas, áreas donde los críticos señalan las mayores debilidades de la administración Bukele. A pesar de que la seguridad se mantiene como uno de los pilares de su gestión, con un 28.6% de los encuestados citando la mejora de la seguridad como su principal logro, la economía emerge como el talón de Aquiles.
Los datos de la encuesta son contundentes: un 15.8% de los salvadoreños considera que Bukele no ha logrado mejorar la economía, mientras que un 4.2% señala la falta de generación de empleo y un 3.8% apunta al aumento del costo de la vida como sus principales fracasos. Estas cifras contrastan con la percepción general de éxito en materia de seguridad, que ha sido la carta de presentación del mandatario.
La imagen de Bukele como un líder autoritario, incluso tildado de "dictador" por algunos observadores internacionales, parece no mermar su popularidad interna. La encuesta indica que un 17.3% de los ciudadanos aprueba su gestión por considerarla "buena en general", y un 12.7% reconoce que, si bien ha habido aciertos y desaciertos, la balanza se inclina a favor de lo positivo.
Este fenómeno de alta aprobación a pesar de las críticas externas y las preocupaciones económicas internas no es nuevo para Bukele. Su estrategia de mano dura contra las pandillas, implementada bajo el "régimen de excepción", ha sido ampliamente aplaudida por la población, que anhelaba un respiro de la violencia criminal. Sin embargo, esta política también ha generado señalamientos de "capturas arbitrarias", citadas por un 4.3% de los encuestados.
La reforma constitucional aprobada por el Congreso salvadoreño, controlado por el partido Nuevas Ideas de Bukele, que adelantó las elecciones presidenciales a 2027 y habilitó la reelección indefinida, añade una capa de complejidad a la situación política. Aunque Bukele no ha confirmado explícitamente su intención de buscar un tercer mandato, sus declaraciones sugieren una fuerte inclinación a continuar en el poder.
"No me gustaría irme ahorita, pero vamos a ver qué dice Dios, mi familia y el país", declaró Bukele a finales de 2025, añadiendo: "pero si fuera por mí, yo sigo diez años más". Esta ambición de permanencia, combinada con su estilo de liderazgo confrontacional y su habilidad para capitalizar la narrativa de seguridad, lo posicionan como una figura política dominante en El Salvador.
El contexto internacional, donde muchos líderes democráticos enfrentan crecientes críticas por la gestión económica y el aumento de la polarización, hace que el caso de Bukele sea particularmente notable. Su capacidad para mantener un alto nivel de aprobación, incluso cuando la economía se convierte en el principal foco de insatisfacción, plantea interrogantes sobre la efectividad de las métricas tradicionales de evaluación de gobierno y el poder de la narrativa en la política moderna.
La encuesta de La Prensa Gráfica, con su riguroso diseño metodológico, ofrece una instantánea valiosa de la opinión pública salvadoreña. Revela que, si bien la economía es una preocupación creciente, la percepción de seguridad y la imagen general de Bukele como un líder fuerte y decidido siguen siendo factores determinantes en su popularidad.
El futuro político de El Salvador dependerá en gran medida de cómo Bukele aborde las crecientes demandas económicas de su población. Si bien su base de apoyo es sólida, la insatisfacción económica podría, a largo plazo, erosionar su capital político, especialmente de cara a las próximas elecciones presidenciales.
La comunidad internacional, por su parte, seguirá observando de cerca la evolución de la situación en El Salvador, sopesando los logros en seguridad frente a las preocupaciones sobre el estado de derecho y la democracia. La capacidad de Bukele para navegar estas aguas turbulentas, manteniendo al mismo tiempo su alta aprobación interna, lo consolida como una figura política de gran relevancia en la región.
En resumen, Nayib Bukele ha logrado construir un modelo de gobernanza que, si bien genera controversia y críticas, resuena profundamente con una mayoría de los salvadoreños. La economía se perfila como el próximo gran desafío para su administración, y la forma en que responda a esta demanda determinará, en parte, la continuidad de su exitoso, aunque polémico, legado político.