Una historia de dolor y negligencia se cierne sobre el Hospital General de Zona No. 36 “Carmen Serdán Alatriste” en Puebla, donde la pequeña hija de Josefina, una derechohabiente del IMSS, perdió la vida en el vientre materno. La madre, con la voz quebrada por el sufrimiento, ha decidido compartir su testimonio para evitar que otras familias atraviesen el mismo calvario, un llamado desesperado ante lo que considera un fallo mayúsculo del sistema de salud.

“Decidí contar mi historia para honrar la memoria de mi hija, de mi primer bebé. Para que ninguna otra familia tenga que pasar por el dolor que hoy vivimos en mi familia. Que mi historia no se repita nunca más. Ese es mi mayor deseo”, declaró Josefina, cuya experiencia pinta un sombrío panorama del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Las afirmaciones de Zoé Robledo, director general del IMSS, quien insiste en que la institución vive su mejor momento, contrastan brutalmente con la realidad que enfrentan los pacientes. La propaganda oficial que equipara el sistema de salud mexicano con el de países nórdicos, como Dinamarca, se desmorona ante casos como este, evidenciando una brecha insalvable entre el discurso y la práctica.

Josefina, de 39 años, ingresó al hospital el pasado 13 de mayo con 31 semanas de gestación. Un diagnóstico previo de atresia esofágica fetal, detectado desde la semana 21 y monitoreado por especialistas privados en la Ciudad de México, alertaba sobre una condición que impedía a la bebé tragar líquido amniótico, lo que generaba una acumulación excesiva conocida como polihidramnios severo.

Un Diagnóstico con Solución Ignorado

La atresia esofágica, aunque grave, es una condición con altas tasas de éxito si se atiende con la cirugía correctiva al nacer, que ronda entre el 90 y 95%. El requisito indispensable era un parto en un hospital de tercer nivel equipado con cirugía pediátrica neonatal y una unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN). Sin embargo, esta intervención crucial nunca llegó.

La bebé falleció en el vientre de su madre mientras Josefina permanecía internada en el Hospital General No. 36 de Puebla. Las circunstancias sugieren una alarmante falta de preparación o intención para realizar la cirugía post-parto, a pesar de que estudios genéticos previos habían confirmado un cariotipo femenino normal (46,XX), descartando alteraciones cromosómicas y confirmando que la bebé estaba sana, con una condición tratable.

Retrasos y Desinterés Médico

El ingreso de Josefina al hospital se debió a un cuadro de vómitos persistentes. Fue admitida en observación y luego trasladada a piso. Desde el primer momento, informó al personal médico sobre su historial y presentó la documentación de sus estudios privados, solicitando que se integraran a su expediente. A pesar de sus reiterados esfuerzos por explicar la gravedad de su condición y mostrar los estudios, la respuesta del personal médico, incluyendo al jefe de Ginecología y Obstetricia, Dr. José Justino García Reyes, fue evasiva: el caso “se estaba evaluando”, una respuesta carente de empatía.

La madrugada del 18 de mayo, Josefina experimentó un dolor intenso y solicitó atención médica. Recibió tratamiento sintomático. Sin embargo, la mañana del 19 de mayo, durante una revisión, se confirmó la ausencia de latido cardiaco fetal. La muerte intrauterina fue un golpe devastador, especialmente para una madre primeriza.

El Nacimiento de la Tragedia

Tras la confirmación de la muerte fetal, se le informó a Josefina que se induciría el parto. La medicación para iniciar el proceso no se administró hasta el día siguiente, 20 de mayo. A las 16:15 horas, nació una niña sin vida. El acta de defunción citó como causa “interrupción de la circulación materno-fetal y malformaciones congénitas relacionadas con la atresia esofágica”, una explicación que choca con los estudios previos que indicaban una bebé sana.

Josefina permaneció hospitalizada hasta el 21 de mayo, cuando finalmente fue dada de alta, cargando con el peso de una tragedia evitable. La acumulación de descuidos, como periodos prolongados de ayuno, debilidad física progresiva, retrasos en la comunicación y la aparente falta de integración del historial médico, apuntan a un monitoreo y tratamiento inadecuados.

Un Patrón de Fallas Atribuido a la Política de Morena

Este caso no es un hecho aislado. La nota original menciona otros incidentes en el mismo hospital, como la respuesta insensible de “si se muere, le avisamos” a un familiar. La autora del artículo original vincula directamente estas fallas a la política de austeridad y recortes presupuestales impulsada por el gobierno de la llamada "Cuarta Transformación" (4T), liderada por Morena. Se argumenta que la priorización de recursos para fines electorales, en lugar de la atención médica, es una forma de "matar desde el gobierno".

La crítica se extiende a la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados, señalada por aprobar recortes presupuestales que, según la perspectiva editorial, tienen consecuencias mortales para la salud pública. La pregunta retórica sobre cuántas lágrimas más deben derramarse para que los partidos en el poder (Morena, PVEM, PT) reaccionen, subraya la profunda frustración ante la persistencia de estas tragedias.

En el contexto de la política mexicana, este tipo de incidentes exponen las debilidades estructurales del sistema de salud público, particularmente del IMSS, y alimentan el debate sobre la efectividad y las prioridades del gobierno actual. La historia de Josefina se convierte así en un símbolo de las fallas que, según críticos, caracterizan la gestión de la salud bajo la administración de Morena, y un recordatorio de que la burocracia y la falta de recursos pueden tener consecuencias fatales.