A dos años de que las urnas cerraron en la Ciudad de México para la elección local de 2024, el paisaje urbano de la capital sigue plagado de los vestigios de las campañas políticas. Bardas, postes, muros y mobiliario urbano aún exhiben, con una persistencia que raya en lo absurdo, las imágenes y mensajes de quienes aspiraron a un cargo público.

Esta situación, que debería haber sido subsanada inmediatamente tras la jornada electoral, se ha convertido en una queja recurrente entre los habitantes de diversas colonias. La ley es clara al establecer plazos para el retiro de este tipo de materiales, pero en la práctica, parece ser una norma ignorada o, al menos, aplicada con una laxitud que desvirtúa su propósito.

Vecinos de zonas como la colonia Doctores, en la alcaldía Cuauhtémoc, han expresado su hartazgo ante la permanencia de lonas, espectaculares y pintas que, lejos de embellecer, deterioran la imagen de sus barrios. "Parece que vivimos en un museo de las promesas incumplidas", comentó un residente que prefirió omitir su nombre, señalando una barda cubierta por propaganda de un partido político.

El problema no se limita a una sola demarcación. Reportes similares surgen de otras alcaldías, indicando una falla generalizada en la supervisión y aplicación de la normativa electoral y urbana. La propaganda, que en su momento buscó captar la atención y el voto ciudadano, ahora se erige como un recordatorio visual de la falta de orden y cumplimiento.

En contexto, la normativa electoral mexicana, tanto a nivel federal como local, contempla disposiciones específicas sobre la propaganda política. Estas buscan, entre otros objetivos, evitar la contaminación visual y garantizar la equidad en la contienda, estableciendo que, una vez concluido el periodo de campaña y la jornada electoral, los materiales deben ser retirados en un plazo determinado. La omisión de esta regla puede acarrear sanciones.

Sin embargo, la realidad en la Ciudad de México parece contradecir estas disposiciones. La permanencia de la propaganda electoral de 2024 sugiere una falta de voluntad o capacidad por parte de las autoridades competentes para hacer cumplir la ley. Esto genera un doble efecto negativo: por un lado, la perpetuación de un desorden visual y, por otro, la percepción de impunidad ante el incumplimiento de normativas.

Analistas políticos señalan que la persistencia de esta propaganda puede interpretarse de diversas maneras. Podría ser un reflejo de la desorganización administrativa, una muestra de la poca importancia que se da al cumplimiento de las leyes una vez pasadas las elecciones, o incluso, una estrategia pasiva para mantener una presencia de marca de cara a futuros procesos electorales, aunque esto último sea una interpretación más especulativa.

La queja ciudadana es un factor clave en esta discusión. Los vecinos no solo reclaman por la estética, sino también por la sensación de abandono y falta de atención por parte de quienes deberían garantizar el orden y la correcta aplicación de las normas. La propaganda electoral, que debería ser efímera, se ha vuelto un elemento permanente del paisaje urbano, desdibujando la línea entre el periodo de campaña y la vida cotidiana.

Históricamente, la problemática de la propaganda electoral en la vía pública ha sido un tema recurrente en diversas ciudades del país. Sin embargo, la magnitud y persistencia observada en la Ciudad de México tras las elecciones de 2024, a dos años de distancia, llama la atención y subraya la necesidad de mecanismos de fiscalización y sanción más efectivos.

La pregunta que queda en el aire es quién tiene la responsabilidad última de este retiro. ¿Son los partidos políticos que la instalaron, las autoridades electorales que debieron supervisar su remoción, o las autoridades locales encargadas del ordenamiento urbano? La falta de una respuesta clara y una acción contundente perpetúa el problema.

La ciudadanía espera que las autoridades tomen cartas en el asunto y apliquen la ley de manera rigurosa, no solo en este caso, sino como un precedente para futuras contiendas electorales. El retiro de la propaganda electoral no es solo una cuestión estética, sino un indicador del respeto por las normas y el compromiso con la limpieza y el orden de la capital.

En ausencia de una intervención oficial, la propaganda electoral de 2024 continuará siendo un elemento visual dominante en las calles de la Ciudad de México, un testimonio mudo de la ineficacia en la aplicación de la ley y una fuente constante de frustración para sus habitantes.