Un acto de violencia irrumpió la algarabía de la Feria de la Manzana en Zacatlán, Puebla, la tarde del 12 de agosto de 2026. Un hombre, al volante de un vehículo Chevrolet azul, embistió deliberadamente a una multitud congregada en el Andador Juárez, dejando un saldo preliminar de 15 personas heridas y un ambiente de terror.
Los hechos ocurrieron entre las 17:00 y 17:30 horas, en pleno desarrollo de uno de los eventos más esperados del año en la región. La alcaldesa de Zacatlán, Bety Sánchez, confirmó la cifra de heridos y, en un primer reporte, descartó la existencia de víctimas mortales, un alivio en medio del caos.
El conductor responsable fue detenido en el lugar de los hechos. Según las primeras declaraciones de la alcaldesa, el sujeto podría presentar algún problema de salud que habría desencadenado la acción. Sin embargo, se enfatizó la necesidad de esperar los resultados de los peritajes oficiales para confirmar o descartar esta hipótesis.
La noticia del atropellamiento masivo generó conmoción y rápidamente se viralizaron videos en redes sociales que mostraban el momento exacto en que el automóvil se abalanzaba sobre las personas, para finalmente impactar contra un edificio.
Como medida inmediata, el comité organizador de la feria decidió suspender el acto principal programado para esa noche, una presentación del cantante El Bogueto. Aunque la justificación oficial fue por "cuestiones logísticas", la suspensión se interpretó como una respuesta directa al trágico suceso.
Las autoridades locales activaron de inmediato los protocolos de atención a emergencias. La alcaldesa Bety Sánchez se presentó en el lugar para atender personalmente a los heridos y a sus familiares, asegurando que se les mantendría informados de manera constante sobre el desarrollo del caso.
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) Bienestar de Puebla informó que, de las 15 personas lesionadas, tres ya habían sido dadas de alta. El personal médico y de enfermería continuaba monitoreando de cerca la evolución clínica de los pacientes restantes, quienes, según los reportes, se encontraban estables y fuera de peligro.
Este lamentable incidente evoca otros eventos similares ocurridos en el país, como el atropellamiento masivo registrado en Baja California Sur en junio de 2026, donde 17 personas resultaron heridas durante los festejos de un partido de fútbol. La recurrencia de este tipo de actos subraya la fragilidad de la seguridad en eventos masivos.
En el contexto de la inseguridad que azota a diversas regiones del país, este suceso en Zacatlán pone de manifiesto la vulnerabilidad de la población ante actos de violencia indiscriminada, incluso en entornos festivos que deberían ser seguros. La falta de control y la aparente facilidad con la que un individuo puede sembrar el terror son aspectos que requieren una profunda reflexión y acción por parte de las autoridades.
La Feria de la Manzana, a pesar del incidente, no fue cancelada en su totalidad. Las actividades programadas para el miércoles 13 de agosto continuaron, aunque el ambiente festivo se vio indudablemente empañado por la tragedia.
Este evento plantea serias interrogantes sobre los protocolos de seguridad en ferias y eventos públicos en México. La presencia de un vehículo en una zona peatonal, y la capacidad del conductor para arremeter contra la multitud, sugieren posibles fallas en la planificación y ejecución de medidas de protección.
La investigación sobre las motivaciones del conductor y las circunstancias exactas que llevaron al atropellamiento masivo está en curso. Las autoridades deberán esclarecer si se trató de un acto aislado, relacionado con problemas de salud mental, o si existen otros factores que deban ser considerados.
La respuesta de la alcaldesa Bety Sánchez, al atender directamente a los afectados y mantener una comunicación constante, es un indicativo de la gravedad con la que se tomó el suceso. Sin embargo, la efectividad de las medidas de seguridad y prevención en eventos de esta naturaleza deberá ser evaluada a fondo para evitar futuras tragedias.
El incidente en Zacatlán sirve como un sombrío recordatorio de que la seguridad pública es una tarea constante y multifacética, que requiere la colaboración de autoridades, organizadores de eventos y la propia ciudadanía para garantizar entornos seguros para todos.