A pesar de los años y las capturas de sus fundadores, el Cártel de Tijuana, también conocido como la organización de los Arellano Félix, sigue operando en México. Las autoridades estadounidenses lo identifican como un grupo criminal activo, aunque su estructura ha mutado significativamente desde su apogeo en las décadas de los noventa y dos mil.
El liderazgo de esta remanente estructura criminal recae ahora en Enedina Arellano Félix, apodada 'La Narcomami'. Ella es la única de la primera generación de hermanos Arellano Félix que ha logrado eludir la acción de la justicia, manteniéndose libre y, según reportes, al frente de las operaciones del cártel.
El Ascenso de 'La Narcomami'
Enedina Arellano Félix comenzó a tener un papel más protagónico dentro del grupo criminal alrededor del año 2002. Su consolidación como líder se dio de manera definitiva tras la detención de Fernando Sánchez Arellano, alias 'El Ingeniero', en 2014. Desde entonces, ha mantenido un perfil público deliberadamente bajo, operando tras bambalinas.
Las agencias de seguridad de Estados Unidos han señalado que el Cártel de Tijuana opera a través de redes especializadas en el tráfico de drogas. Estas redes también están involucradas en otras actividades ilícitas, muchas de ellas ligadas al control de las rutas fronterizas, un punto neurálgico para el trasiego de estupefacientes hacia el vecino país del norte.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha impuesto sanciones económicas contra diversos integrantes y operadores financieros vinculados a la organización. Estas medidas buscan desmantelar su capacidad operativa y financiera, aunque la presencia del grupo en la frontera norte de México persiste, según la evaluación continua de las agencias estadounidenses.
Presencia Geográfica y Alianzas
La principal zona de operación del Cártel de Tijuana se concentra en Baja California, con un enfoque particular en el municipio de Tijuana. Esta ciudad fronteriza es una de las rutas más importantes y transitadas para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, lo que la convierte en un bastión estratégico para la organización.
Sin embargo, la influencia del grupo no se limita a Baja California. Informes de inteligencia y análisis de seguridad han documentado la presencia e influencia del cártel en otras entidades del noroeste de México. Entre ellas se encuentran Baja California Sur y diversas zonas del estado de Sonora. Esta expansión o mantenimiento de presencia se debe, en gran medida, a las complejas disputas y alianzas criminales que se han forjado y modificado a lo largo de los últimos años.
Las autoridades estadounidenses han enfatizado que la organización ha mantenido vínculos operativos con otras estructuras criminales. Estas alianzas son cruciales para que el Cártel de Tijuana pueda conservar su presencia y capacidad operativa en la vital región fronteriza, adaptándose a un panorama delictivo en constante cambio.
Un Legado Fragmentado
El Cártel de Tijuana fue una de las organizaciones criminales más poderosas y violentas de México durante las décadas de los noventa y principios de los dos mil. Fundado por los hermanos Arellano Félix, el grupo amasó una fortuna considerable a través del narcotráfico y otras actividades ilícitas, ejerciendo un control territorial brutal.
Sin embargo, la implacable guerra contra el narcotráfico, tanto en México como en Estados Unidos, así como las pugnas internas y la competencia de otros cárteles emergentes, provocaron la fragmentación de la organización. Las capturas y muertes de figuras clave, como Ramón Arellano Félix, Francisco Javier Arellano Félix y Benjamín Arellano Félix, debilitaron severamente su estructura original.
La figura de Enedina Arellano Félix representa la continuidad de un legado, aunque sea en una escala menor y con una estructura adaptada a las nuevas realidades del crimen organizado en México. Su capacidad para mantener la organización a flote, evadiendo la justicia, es un testimonio de la resiliencia y adaptabilidad de estas estructuras criminales.
El contexto actual de la seguridad en México, marcado por la presencia de múltiples cárteles y la constante reconfiguración de alianzas y territorios, presenta un desafío continuo para las autoridades. La persistencia de remanentes de organizaciones como la de los Arellano Félix subraya la complejidad de erradicar por completo el crimen organizado y la necesidad de estrategias integrales que aborden tanto la operación de los grupos como sus redes de apoyo y financiamiento.
La investigación sobre presuntos vínculos de figuras políticas con el crimen organizado, como la mencionada en el caso de Ernesto Ruffo Appel, ex gobernador de Baja California, añade una capa adicional de complejidad y preocupación. Estos señalamientos, si bien requieren de procesos judiciales claros y transparentes, ponen de manifiesto la profunda infiltración que el crimen organizado puede llegar a tener en las estructuras de poder, erosionando la confianza pública y dificultando los esfuerzos por restablecer el Estado de derecho.
La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado en México es una batalla prolongada y multifacética. La figura de Enedina Arellano Félix y la persistencia del Cártel de Tijuana son un recordatorio de que, a pesar de los golpes asestados, estas organizaciones demuestran una notable capacidad de adaptación y supervivencia, operando en las sombras y aprovechando las fisuras del sistema.
El futuro de la organización de los Arellano Félix, y de muchas otras estructuras criminales similares, dependerá de la efectividad de las estrategias de seguridad y justicia implementadas por el gobierno mexicano y de la cooperación internacional. La constante vigilancia y el desmantelamiento de sus redes financieras y operativas serán clave para mermar su capacidad de acción y, eventualmente, lograr su completa erradicación.