La promesa de campaña de los demócratas de desmantelar los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump, que han sido señalados por disparar los precios al consumidor en Estados Unidos, enfrenta un panorama mucho más complicado de lo que aparenta. Hakeem Jeffries, líder demócrata en la Cámara de Representantes, ha manifestado su intención de poner fin a lo que él mismo ha calificado como “estúpidos aranceles de Trump”.
Sin embargo, la retórica política choca con la realidad legislativa. Ron Wyden, quien asumirá la presidencia del Comité de Finanzas del Senado, ha expresado su deseo de reafirmar la autoridad del Congreso en materia de política comercial. Incluso figuras republicanas, como el senador Ted Cruz, han lamentado el encarecimiento generalizado de productos debido a estas tarifas, sugiriendo una grieta en el consenso republicano sobre la política arancelaria.
Un Legado Arancelario Persistente
La dificultad para revertir los aranceles de Trump no es un asunto menor. A pesar de que el expresidente moderó algunas de sus posturas comerciales previo a las recientes elecciones, se anticipa que podría anunciar nuevas barreras comerciales. Estas medidas, vinculadas a la sobrecapacidad industrial global, podrían afectar a más de una docena de economías, incluso antes de que los demócratas asuman el control total del Congreso en enero.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos ha declarado que la administración continuará corrigiendo los desequilibrios comerciales, incentivando la inversión y producción nacional para proteger a los trabajadores. Esta postura sugiere una continuidad en la política de protección económica, independientemente de los cambios en la composición del Congreso.
Trump, además, obtuvo facultades ampliadas para imponer aranceles a través de una ley bipartidista de sanciones contra Rusia. A pesar de las reservas de algunos demócratas y expertos en comercio, estas facultades podrían ser interpretadas de manera amplia por la administración.
Obstáculos en el Camino Legislativo
Blake Harden, director gerente de la práctica Washington Council de EY, señala que la nueva mayoría demócrata en el Congreso enfrentará serias dificultades para revertir los aranceles o reformar la política arancelaria. Una de las principales razones es la falta de consenso, incluso dentro de los propios partidos. Republicanos y demócratas, en creciente medida, ven los aranceles como una herramienta poderosa de política económica, lo que complica cualquier intento de eliminación unilateral.
La historia reciente respalda esta complejidad. Durante la administración Biden, en lugar de revertir los aranceles de Trump, se optó por ampliarlos en ciertos casos, como con China, para ejercer mayor presión. Si bien existe un descontento generalizado con la guerra comercial con Canadá, la postura firme frente a China parece contar con un apoyo bipartidista más sólido.
Divisiones Internas y Beneficios Tangibles
La unidad demócrata en torno a la eliminación de aranceles tampoco está garantizada. Senadores como Sherrod Brown, reelecto por Ohio, han mostrado posturas críticas hacia el libre comercio y han expresado preocupaciones sobre las políticas arancelarias, pero la pérdida histórica de empleos manufactureros en su estado, atribuida al comercio global, complica cualquier decisión drástica de retirar gravámenes.
La dinámica de los aranceles también genera beneficiarios directos. Como señala Harden, una vez impuestos, siempre hay actores que desean su continuidad porque se benefician de ellos. Esta red de intereses creados dificulta enormemente su reversión, sin importar quién ostente el poder.
El Desafío del Veto Presidencial
Para que una legislación que revierta la política comercial de la Casa Blanca sea aprobada, se requiere una mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso, suficiente para superar un eventual veto presidencial. Los números actuales, con 54 escaños demócratas en el Senado y 243 en la Cámara de Representantes, indican que, incluso con el voto unánime de los demócratas, se necesitaría el apoyo de una parte significativa de los republicanos para lograr la aprobación.
Este escenario subraya la profunda división y la complejidad inherente a la política comercial estadounidense. Lo que Jeffries promete como una acción rápida y decisiva, en la práctica, se enfrenta a un laberinto de intereses partidistas, beneficios sectoriales y la necesidad de consensos amplios que parecen esquivos en el actual panorama político.