La demografía de México está en plena transformación, presentando un desafío mayúsculo para el sistema de pensiones. Con una tasa de fecundidad en declive y un aumento constante en la esperanza de vida, el país se enfrenta a una población cada vez más envejecida. Ante este panorama, la Asociación Mexicana de Afores (Amafore) ha lanzado un llamado urgente para revisar los mecanismos de "subsidios intergeneracionales", un concepto que engloba el apoyo financiero que las generaciones jóvenes y en edad productiva brindan a los adultos mayores.

Guillermo Zamarripa, presidente de Amafore, explicó en conferencia de prensa que la estructura actual del sistema pensionario se vuelve insostenible si la proporción de jóvenes activos disminuye drásticamente en comparación con la población de adultos mayores. "No puede haber tanto subsidio intergeneracional porque cada vez hay menos jóvenes apoyando en edad productiva a un grupo de adultos mayores", sentenció Zamarripa, subrayando la necesidad de un ajuste para garantizar la viabilidad a largo plazo.

El Peso de los "Subsidios Generacionales"

Los llamados "subsidios generacionales" no son un concepto abstracto, sino que se materializan en programas y políticas públicas concretas. Entre ellos, destacan la Pensión del Bienestar para Adultos Mayores, el Fondo de Pensiones para el Bienestar y la reforma a la Ley del Seguro Social de 2020, que incrementó las aportaciones patronales a las Afores para los trabajadores del sector privado. Si bien México cuenta con un esquema de pensiones que busca ser multifacético, Zamarripa aseguró que las cuentas individuales administradas por las Afores están diseñadas para adaptarse a los cambios demográficos.

La información proporcionada por la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) revela que, hasta la fecha, se han autorizado 120,900 pensiones bajo el régimen de las Afores. De estas, una abrumadora mayoría, 120,553, corresponden a pensiones mínimas garantizadas, con un promedio de 5,297 pesos. La implementación del Fondo de Pensiones para el Bienestar ha permitido mejorar estas cifras, incrementando el promedio de las pensiones otorgadas por las Afores en casi cinco mil pesos. Para 2026, se proyecta que 8,230 personas se beneficiarán de este complemento, elevando su ingreso mensual promedio a 10,545 pesos.

La Edad de Retiro: Un Punto Crítico

En medio de la discusión sobre cómo fortalecer el esquema pensionario, Amafore ha fijado una postura clara y contundente: descarta la idea de elevar la edad de retiro. Esta medida, común en otras latitudes, es vista por el gremio de fondos privados de pensiones como una solución impopular que, lejos de resolver el problema, podría agravarlo en el contexto mexicano.

La principal razón para oponerse a un aumento en la edad de jubilación radica en los datos de empleabilidad formal en México. Según análisis de Amafore, la capacidad de las personas para mantenerse en empleos formales disminuye significativamente mucho antes de la edad tradicional de retiro. Las estadísticas muestran que solo el 15% de la población entre 25 y 30 años trabaja en la formalidad, una cifra que se mantiene relativamente estable hasta los 35 años. Sin embargo, a partir de ese punto, la participación en el sector formal del empleo cae drásticamente, situándose en 9.5% para el rango de edad de 50 a 55 años, una década antes de la edad de jubilación.

Un Reto Latinoamericano

La situación que enfrenta México no es un caso aislado en la región. Un estudio titulado "De la longevidad informal a la cotización efectiva", presentado por la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP), confirma que el desafío de la empleabilidad para las personas mayores de 50 años es un problema generalizado en América Latina. La combinación de una mayor esperanza de vida y las dificultades para mantener un empleo formal en edades avanzadas plantea un escenario complejo para la sostenibilidad de los sistemas de pensiones en toda la región.

El envejecimiento poblacional, impulsado por la caída en la tasa de fecundidad y el aumento de la longevidad, obliga a repensar los modelos de seguridad social. La Encuesta Intercensal 2025 del Inegi ya reflejaba esta tendencia, reportando una reducción en el promedio de hijos nacidos de 2.1 en 2020 a 1.9 en 2025. Este cambio demográfico tiene implicaciones directas sobre el ahorro, la empleabilidad y la planificación del retiro, exigiendo soluciones innovadoras y adaptadas a la realidad mexicana.

Implicaciones y Futuro

La postura de Amafore de no incrementar la edad de retiro, pero sí revisar los subsidios intergeneracionales, abre la puerta a un debate profundo sobre las políticas públicas necesarias. Se requiere un análisis exhaustivo de cómo equilibrar el apoyo a los adultos mayores con la capacidad productiva de las generaciones más jóvenes, sin penalizar a estas últimas ni generar desincentivos para la formalidad laboral.

El reto es mayúsculo: asegurar que los trabajadores mexicanos puedan acceder a una pensión digna al final de su vida laboral, en un contexto de cambios demográficos acelerados. La sostenibilidad del sistema de pensiones dependerá de la capacidad de las autoridades y los actores del sector para implementar reformas que atiendan estas realidades, fomentando el ahorro, la formalidad y la protección social de manera equitativa y eficiente.

La discusión sobre los subsidios intergeneracionales deberá considerar el impacto de programas como la Pensión del Bienestar, que si bien son cruciales para reducir la pobreza en la vejez, también representan una carga financiera creciente. La búsqueda de un equilibrio es esencial para evitar que las futuras generaciones carguen con un peso insostenible, garantizando al mismo tiempo que los adultos mayores de hoy cuenten con el apoyo necesario.

En este sentido, la Amafore insiste en que las cuentas individuales de las Afores, sumadas a otros esquemas, pueden ofrecer "pensiones adecuadas a la realidad de un trabajador". Sin embargo, la efectividad de este modelo dependerá de factores como la formalidad laboral, los niveles de ahorro y la propia evolución demográfica del país. La clave estará en encontrar un balance que permita la solidaridad intergeneracional sin comprometer la viabilidad económica a largo plazo.

La complejidad del sistema pensionario mexicano exige un diálogo constante entre el gobierno, las Afores, los trabajadores y la sociedad en general. Las decisiones que se tomen en los próximos años serán determinantes para el futuro de millones de mexicanos, quienes confían en que el sistema les permitirá tener un retiro digno y seguro.