La ilusión mexicana se desvaneció en el Estadio Ciudad de México. La Selección Nacional, que había mostrado garra y ambición durante el torneo, se despidió del Mundial 2026 al caer 3-2 ante Inglaterra en un partido de octavos de final que dejó un sabor amargo y la sensación de que se pudo haber logrado más.

El equipo dirigido por Javier Aguirre, a pesar de la derrota, dejó una imagen de entrega. Los jugadores, visiblemente afectados, recibieron el aplauso y el reconocimiento de una afición que, aunque dolida, valoró el esfuerzo desplegado en la cancha. El grito de "México, México" resonó en las gradas, un eco de la esperanza que se apaga pero que no olvida la pasión.

Desde el inicio, el partido prometía emociones. México desplegó un juego rápido y dinámico, contrastando con un Inglaterra que, por momentos, parecía replegarse. La posesión del balón se sentía mexicana, con jugadas que generaban expectativa. Un ejemplo temprano fue un centro de Roberto Alvarado al minuto 15, que encontró a Raúl Jiménez. El delantero se lanzó de palomita, pero el portero inglés, Jordan Pickford, estuvo atento para desviar a tiro de esquina, impidiendo el primer golpe azteca.

Sin embargo, el fútbol, a menudo cruel, mostró su cara más implacable. Cuando el Tricolor parecía tener el control, una jugada de Inglaterra rompió el equilibrio. Una salida limpia del balón desde Pickford hacia Declan Rice, quien habilitó a Bukayo Saka. El centro del extremo encontró a Jude Bellingham, quien, con una cabezazo certero entre la marca de Alvarado, Lira y Sánchez, abrió el marcador para los británicos.

El gol inglés golpeó al equipo mexicano. La fragilidad defensiva se hizo evidente en la segunda anotación. En una salida desde el centro del campo, Gilberto Mora intentó una jugada individual que fue interceptada. Harry Kane y Bellingham se combinaron, y el mediocampista del Real Madrid, con una definición precisa, puso el 2-0, dejando a México contra las cuerdas en un momento crítico del encuentro.

La reacción mexicana no se hizo esperar. El equipo volvió a mostrar carácter y buscó acortar distancias. El descuento llegó de una manera peculiar. Un despeje inglés que Jesús Gallardo dejó correr pensando que saldría por la banda, pero el balón dio un bote extraño y se quedó en juego. El lateral del Toluca aprovechó la oportunidad para generar un tiro libre.

De esa jugada a balón parado nació el gol. Tras una finta de Mora, y con la defensa inglesa descolocada, Julián Quiñones remató para poner el 2-1. La esperanza se reavivó justo antes del descanso. México incluso tuvo oportunidades de empatar; Pickford volvió a lucirse ante un cabezazo de Jiménez, y César Montes, aunque en una posición incómoda, no logró concretar en un tiro de esquina.

El segundo tiempo inició con un susto para México, cuando un disparo inglés rozó el poste del guardameta Luis Ángel ‘Tala’ Rangel. Pero el partido dio un giro inesperado. Una barrida imprudente de Jarell Quansah sobre Gallardo activó la revisión del VAR. Lo que parecía una oportunidad para igualar las fuerzas se complicó de forma insólita.

Tras un despeje inglés, los atacantes británicos superaron a la zaga mexicana, y la jugada culminó en un penal que Harry Kane convirtió, ampliando la ventaja a 3-1. Parecía una sentencia, pero el fútbol aún guardaba sorpresas.

En una jugada revisada por el VAR, Brian Rodríguez fue contactado por Kane dentro del área. El árbitro señaló la pena máxima. Raúl Jiménez, con la frialdad que lo caracteriza, cobró desde los once pasos y anotó el 3-2, devolviendo la emoción al partido y manteniendo viva la llama de la esperanza hasta el final.

Con la indicación clara de Thomas Tuchel de defender el resultado, Inglaterra se replegó en su propio campo. México, con la urgencia de empatar, arriesgó todo, introduciendo a Santiago Giménez y Guillermo ‘Memote’ Martínez para buscar el milagro en el área rival. Sin embargo, el tiempo se agotó, y el silbatazo final selló la eliminación mexicana.

La derrota en octavos de final, una instancia que se ha vuelto un muro para el Tricolor en repetidas ocasiones, deja una profunda reflexión. A pesar de la entrega y de haber competido, los errores puntuales y la contundencia del rival marcaron la diferencia. El camino hacia la gloria en el Mundial 2026 se detiene aquí, dejando a la afición con la melancolía de lo que pudo ser y la esperanza de un futuro mejor.

El silencio que invadió el Coloso de Santa Úrsula al final del encuentro contrastaba con la energía que había caracterizado el torneo. Una atmósfera de oficina de trámites, donde la ilusión se topó con la dura realidad del resultado deportivo.