Las calles de Cuba, antes dominadas por el rugido de motores de autos clásicos y el humo negro, han sido tomadas por una nueva fuerza motorizada: los triciclos eléctricos. Estos vehículos, mayormente de procedencia china, se han erigido como la solución ante la severa escasez de gasolina que azota a la isla, paralizando el transporte público y privado.

La situación se agudizó tras las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump en enero de imponer aranceles a países que vendieran petróleo a Cuba. Desde entonces, la llegada de combustible se ha reducido drásticamente, impactando la vida cotidiana de los cubanos. Los cortes de electricidad, ya recurrentes, se han extendido, el desabastecimiento de medicinas y alimentos se ha profundizado, y el transporte público, antes precario, se ha visto aún más mermado.

En este contexto de crisis energética y económica, los triciclos eléctricos han emergido como verdaderos salvadores. No solo sirven como medio de transporte personal, cubriendo rutas que antes cubrían los autobuses, sino que también se han convertido en herramientas esenciales para el comercio y la recolección de desechos en algunas barriadas.

"Esto es lo que está moviendo a las personas", comenta Liecer de la Cruz, un emprendedor de 40 años y propietario de uno de estos vehículos. "Todo aquí se está moviendo con los triciclos". Su testimonio refleja la realidad de una isla que se adapta y busca alternativas ante las adversidades impuestas por el contexto internacional.

La adaptabilidad de estos triciclos va más allá de su función básica. Ante los constantes apagones, muchos propietarios han optado por instalarles paneles solares en el techo. Esta innovación les permite recargar las baterías de gel o litio, asegurando su funcionamiento casi sin interrupciones y reduciendo la dependencia de la red eléctrica nacional, que a menudo falla.

"Hay muchísimos triciclos en La Habana, no pasas 10 minutos en una calle que han pasado una innumerable cantidad de triciclos", señala el ingeniero Carlos Alvárez Laborde, dueño de un taller especializado en vehículos eléctricos. "Tengo un cliente que dice que no carga (la batería) hace 15 días. Él trabaja hasta las 13 (horas) y después lo deja bajo el sol".

La inversión en un panel solar, aunque puede rondar los 500 dólares, se amortiza rápidamente, según explican los expertos. "Cuba al final es un eterno verano y aunque sea invierno hay tremendo sol, entonces realmente ayuda bastante", agrega Alvárez, quien ha visto un incremento en la demanda de estos sistemas de carga alternativos.

Los triciclos eléctricos, en su mayoría de marcas chinas como Zonsen y Jinpeng, y ensamblados localmente bajo la marca Vedca, se han convertido en un símbolo de resiliencia. A pesar de las incomodidades que a veces presentan –son descritos como apretados y de diferentes tamaños–, representan la única opción viable para muchos cubanos.

El costo de estos vehículos varía entre 2,000 y 4,000 dólares, dependiendo de si cuentan con techo, su capacidad de pasajeros y el tipo de batería. Muchos son adquiridos a través de remesas enviadas por familiares en el extranjero o comprados en otros países como Panamá y luego enviados a la isla. Los pequeños comerciantes, por su parte, suelen recurrir a sus ahorros para realizar esta inversión, que rápidamente demuestra ser rentable.

Berta Ferrer, una empleada de tienda que viaja diariamente desde La Virgen del Camino hasta Centro Habana, paga alrededor de 500 pesos cubanos (menos de un dólar) por un trayecto de cinco kilómetros. Si bien esta cifra es considerable para los salarios promedio en Cuba, que oscilan entre los 10 dólares mensuales en el sector estatal y unos 40 en el privado, es una tarifa accesible comparada con la imposibilidad de moverse sin este nuevo transporte.

La adopción masiva de estos triciclos eléctricos no solo responde a la falta de combustible, sino también a una estrategia de adaptación ante las políticas restrictivas y la crisis económica persistente. La capacidad de los cubanos para innovar y encontrar soluciones prácticas ante la adversidad queda patente en la proliferación de estos vehículos, que ahora mueven la economía y la vida diaria de la isla.

Ricardo Quintero Rodríguez, de 56 años, es uno de los tantos que confía en su triciclo para el sustento familiar. Lo utilizará para transportar la carga de su puesto de viandas. "Creo que esto llegó para quedarse", asegura, observando su vehículo, una frase que encapsula la nueva realidad del transporte en Cuba.

El futuro del transporte en la isla parece estar cada vez más electrificado y, en muchos casos, impulsado por la energía del sol. Los triciclos eléctricos no son solo una alternativa temporal, sino una transformación profunda en la movilidad y el comercio cubano, demostrando la ingeniosidad de un pueblo ante los desafíos.

La dependencia de los autos de combustión, un vestigio de otra época, está siendo reemplazada por una flota más sostenible y adaptada a las circunstancias actuales. La imagen de los clásicos automotores despidiéndose de las calles para dar paso a los silenciosos y eficientes triciclos eléctricos marca un antes y un después en la historia del transporte cubano.

Esta transición subraya la resiliencia y la capacidad de adaptación del pueblo cubano, que una vez más demuestra su habilidad para reinventarse y encontrar soluciones innovadoras frente a las dificultades económicas y las presiones externas.