La euforia mundialista, que debería estar en su apogeo a un día del silbatazo inicial, se ha visto opacada en la Ciudad de México por un clima de incertidumbre y prohibiciones. Negocios de comida y bebida, especialmente en zonas concurridas como Paseo de la Reforma, han optado por desmantelar cualquier rastro de decoración alusiva al torneo, desde balones hasta banderas, por temor a las severas sanciones que podría imponer el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).

La advertencia es clara y contundente: el uso de marcas, símbolos, logotipos y frases de la FIFA, así como la transmisión de partidos sin la debida autorización comercial, está estrictamente prohibido. Esta medida, que parece contradecir la naturaleza de un evento de alcance global como el Mundial, ha generado desilusión y desconcierto entre los empresarios del sector.

"El Mundial ni siquiera parece Mundial en México, todo está prohibido", lamentó Laura, gerente de una sucursal de Wingstop, quien prefirió no revelar su apellido. "Los clientes nos preguntan si se va a transmitir, qué va a pasar, pero al final del día no parece que estemos en un evento tan masivo". La estrategia de su establecimiento ha sido retirar todo lo específico del torneo, dejando solo elementos genéricos como balones y banderas, una medida que se ha replicado en gran parte de los negocios de la zona.

Las implicaciones económicas de ignorar estas directrices son alarmantes. La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC) en la Ciudad de México ha advertido que las multas podrían ascender a 250 mil Unidades de Medida y Actualización (UMAS), lo que se traduce en aproximadamente 28 millones de pesos, una cifra exorbitante para la mayoría de los establecimientos.

Aunque el director general del IMPI, Vidal Llerenas, ha intentado calmar los ánimos asegurando que no habrá una "idea persecutoria" y que el enfoque estará en "negocios grandes", la ambigüedad en la definición de "grandes" deja a muchos pequeños y medianos empresarios en un estado de vulnerabilidad. Raúl Torres, supervisor del restaurante Casa Beatricita, ejemplifica esta cautela: "preferimos no jugárnosla y evitar cualquier tipo de sanción".

Esta política restrictiva ha llevado a que locales como Casa Beatricita se abstengan por completo de cualquier celebración mundialista. Las pantallas del establecimiento, que podrían haber sido un punto de encuentro para aficionados, permanecerán apagadas durante el partido inaugural entre México y Sudáfrica. "No podemos colocar nada ni transmitir nada. La zona está totalmente apagada, está sola; no están los extranjeros que esperábamos", expresó Torres con visible decepción.

La desilusión se extiende al sector restaurantero en general, que esperaba un impulso significativo en la afluencia de clientes y en la derrama económica durante el torneo. La falta de permisos para transmitir los partidos, que según CANIRAC debe realizarse a través de señales autorizadas por Televisa (como Izzi Negocios o Sky Business) y no por plataformas de uso doméstico como VIX, añade una capa más de complejidad y frustración.

"Es decepcionante por parte de la FIFA y del Gobierno (de México) que permitan todo esto", sentenció Torres, reflejando el sentir de muchos que ven cómo se apaga la fiesta mundialista antes de que siquiera comience. La FIFA, a pesar de ser el ente rector del torneo, parece haber dejado a los negocios locales en una posición precaria, sin ofrecer soluciones claras para la transmisión comercial de los partidos.

Además de las restricciones del IMPI, el ambiente en la Ciudad de México se ve afectado por otros factores que merman la experiencia del Mundial. El cierre de calles y los bloqueos habituales por parte de maestros y otros grupos de manifestantes generan preocupación sobre la afluencia turística y la movilidad general.

"No sabemos si habrá clientes. Muchos no van a trabajar y tampoco querrán venir debido a las manifestaciones, o también muchos otros serán parte de las protestas", concluyó Laura, subrayando la compleja coyuntura que enfrenta la capital mexicana en el arranque de este evento deportivo de talla mundial.

La situación plantea serias interrogantes sobre la estrategia de promoción y organización del Mundial 2026 en México. En lugar de fomentar un ambiente de celebración y aprovechamiento económico para los negocios locales, las autoridades parecen haber optado por un camino de restricciones y advertencias, ahogando la potencial fiesta futbolera.

La FIFA, como organizadora principal, tiene la responsabilidad de asegurar que los eventos que la rodean beneficien a las comunidades anfitrionas. Sin embargo, la percepción general es que, en esta ocasión, la organización ha priorizado la protección de sus derechos comerciales sobre la experiencia y el potencial económico de los pequeños empresarios.

Este escenario contrasta fuertemente con la magnitud del evento. El Mundial es una oportunidad única para la reactivación económica y el turismo. Las medidas implementadas por el IMPI, en lugar de facilitar la participación de los negocios, crean barreras que limitan su capacidad para capitalizar el interés generado por el torneo.

La desilusión es palpable. Los restauranteros y dueños de bares esperaban poder ofrecer a sus clientes una experiencia completa, incluyendo la transmisión de los partidos y un ambiente festivo. Ahora, se ven obligados a operar en un entorno de miedo y restricciones, lo que inevitablemente afectará su desempeño durante el torneo.

En resumen, la fiesta mundialista en México parece haber comenzado con el pie izquierdo, marcada por la burocracia y el temor a las sanciones, en lugar de la alegría y la celebración que caracterizan a este deporte a nivel global. La FIFA y las autoridades mexicanas enfrentan el desafío de revertir esta percepción y encontrar un equilibrio entre la protección de derechos y el fomento de un ambiente propicio para el éxito del Mundial 2026.