México ha puesto sobre la mesa dos de los focos de tensión que aquejan al comercio internacional en la actualidad: la persistente sobrecapacidad y las prácticas desleales en la industria del acero, y el riesgo de que los alimentos y productos agrícolas sean utilizados como herramientas de coerción económica o política.

Durante la reunión ministerial del G20 celebrada en Milwaukee, Estados Unidos, el titular de la Secretaría de Economía, Marcelo Ebrard, presentó un diagnóstico sobre las dificultades que enfrentan los mercados globales, marcados por una competencia feroz, disputas comerciales y estándares dispares.

En el sector siderúrgico, Ebrard reconoció que las medidas implementadas por México, como la vigilancia intensificada de importaciones y mecanismos de trazabilidad para conocer el origen del acero fundido y colado, no han sido suficientes para contrarrestar la sobrecapacidad global. El funcionario detalló que el país ha fortalecido la transparencia en sus análisis de importación, exigiendo información detallada sobre la procedencia de los productos.

Aranceles Insuficientes y Competencia Desleal

La estrategia mexicana también ha incluido la imposición de aranceles y otras medidas de política comercial para hacer frente a las presiones competitivas. Sin embargo, Ebrard admitió que estas herramientas, por sí solas, no han logrado resolver el problema de fondo. Por ello, México busca trascender la discusión de los aranceles y abogar por una mayor cooperación internacional dentro del marco del G20.

Uno de los puntos clave que Ebrard planteó es la disparidad en las condiciones de competencia. Señaló que no puede existir una competencia justa cuando productores que no reciben subsidios y operan con bajas emisiones se enfrentan a industrias sujetas a estándares inferiores. México aspira a que la calidad y la sostenibilidad se integren en la discusión global del sector, promoviendo compromisos y obligaciones mutuas entre los productores a través de mecanismos y organizaciones internacionales para establecer normas y objetivos comunes.

La diferencia en los estándares se ha convertido, para México, en un factor adicional de tensión en el mercado siderúrgico, complicando aún más el panorama para la industria nacional.

Alimentos: Un Arma Potencialmente Peligrosa

El segundo frente de preocupación expuesto por México ante el G20 se centró en el comercio agrícola. Ebrard enfatizó que los alimentos, productos agrícolas e insumos esenciales no deben ser empleados como instrumentos de coerción económica o política. Recordó que tanto México como otros miembros del grupo tienen experiencia en disputas comerciales y otras medidas restrictivas, por lo que consideró imperativo identificar acciones conjuntas para prevenir este tipo de presiones.

La propuesta mexicana en este ámbito incluye el intercambio de información entre países y la recuperación de lecciones aprendidas durante la pandemia de COVID-19. Ebrard también abogó por un incremento en la inversión en tecnología, ante la desaceleración observada en el crecimiento de la productividad agrícola, que pasó de un 1.7% anual en el año 2000 a un 0.8% en 2022.

Además, México promueve el mantenimiento de mercados abiertos, la diversificación del comercio y la búsqueda de socios confiables. Sin embargo, Ebrard subrayó que el compromiso político es el pilar fundamental para enfrentar las presiones sobre el intercambio agrícola, lanzando una advertencia directa: "Los alimentos no deben convertirse en un arma, ni el discurso sobre la seguridad alimentaria debe servir de justificación para todo tipo de decisiones."

Hacia un Comercio Basado en Reglas

Ante ambos escenarios, la postura mexicana converge en la necesidad de fortalecer la cooperación internacional. En el caso del acero, México busca establecer compromisos entre productores y definir estándares que consideren aspectos cruciales como subsidios, emisiones, calidad y sostenibilidad. En el ámbito agrícola, la propuesta es mantener mercados abiertos, diversificar el comercio y asegurar un sistema de comercio predecible y regido por normas claras.

Ebrard reiteró la disposición de México para colaborar con los demás miembros del G20 en la construcción de un sistema de comercio agrícola abierto, justo, predecible y basado en normas, un compromiso que, según afirmó, requiere consistencia y voluntad política por parte de todas las naciones participantes.

Las intervenciones de México en el G20 pusieron de manifiesto la creciente presión sobre las reglas del comercio internacional. En el sector del acero, los aranceles aplicados hasta la fecha se han mostrado insuficientes ante la sobrecapacidad y las disparidades entre productores. En el ámbito alimentario, México busca activamente evitar que las disputas comerciales transformen bienes esenciales en meros instrumentos de presión económica o política, defendiendo un marco de comercio internacional más equitativo y predecible.

En el contexto de la economía global, estas discusiones reflejan la complejidad de equilibrar los intereses nacionales con la necesidad de un sistema comercial multilateral robusto y justo. La sobrecapacidad en industrias clave como el acero, a menudo impulsada por subsidios estatales y regulaciones laxas en algunos países, distorsiona los mercados y perjudica a los productores que operan bajo condiciones más estrictas. La postura mexicana busca elevar el debate hacia la sostenibilidad y la equidad, reconociendo que las soluciones puramente arancelarias son limitadas.

Por otro lado, la advertencia sobre el uso de alimentos como arma política resuena en un mundo cada vez más interconectado pero también más propenso a tensiones geopolíticas. La pandemia de COVID-19 expuso la fragilidad de las cadenas de suministro globales y la importancia estratégica de la seguridad alimentaria. La propuesta de México de diversificar el comercio y contar con socios confiables, junto con un mayor compromiso político, apunta a construir resiliencia frente a posibles shocks externos y a evitar que la alimentación se convierta en una moneda de cambio en disputas internacionales.

El G20, como foro de las principales economías del mundo, se enfrenta al desafío de encontrar consensos que permitan abordar estas complejas problemáticas. La agenda de México, centrada en la cooperación, la transparencia y la aplicación de reglas claras, busca sentar las bases para un comercio internacional más estable y predecible, beneficiando tanto a productores como a consumidores a nivel global.