La ambición de una América Latina completamente conectada por aire, donde las fronteras aéreas se diluyan para dar paso a un flujo libre de aeronaves y pasajeros, está cobrando fuerza. Lo que antes parecía un sueño lejano, hoy se plantea como una necesidad imperante para revitalizar el transporte aéreo en la región y, con ello, dinamizar las economías locales y mejorar la infraestructura aeroportuaria.

Rafael Echevarne, director general del Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI) en América Latina, ha sido uno de los voceros más activos en esta cruzada. Según sus declaraciones, la apertura total de los cielos, un modelo que implica la eliminación de restricciones gubernamentales sobre el tráfico aéreo comercial, es la clave para recuperar la conectividad perdida y estimular un crecimiento significativo en el volumen de pasajeros. "Está demostrado que esto estimula el tráfico. Aplaudimos las iniciativas que están en nuestra región. Pedimos a los gobiernos pasar a la acción", enfatizó Echevarne, haciendo un llamado a la acción concreta por parte de los mandatarios.

Este ambicioso proyecto, que busca abarcar desde México hasta el extremo sur de Argentina, ya está dando pasos firmes con la conformación de alianzas estratégicas. Países como Brasil, Argentina, Chile y Perú se encuentran en un camino avanzado hacia la desregulación de su industria aérea, con el objetivo primordial de incrementar la frecuencia y accesibilidad de los viajes dentro de la región.

La visión de un 'Cielo Único Sudamericano' contempla un marco regulatorio multinacional, bajo los lineamientos de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). La piedra angular de esta propuesta es la posibilidad del cabotaje, es decir, que una aerolínea extranjera pueda operar vuelos domésticos dentro de otro país. Esto significaría, en la práctica, que una aerolínea mexicana podría ofrecer rutas internas en Colombia o Chile, o que una compañía argentina pudiera volar sin restricciones al interior de México.

Un hito importante en esta dirección es el Acuerdo de Liberalización Aérea Sudamericana (ALAS), suscrito en julio pasado. Este acuerdo establece un plazo de 12 meses para la presentación de una propuesta integral que aborde el reconocimiento mutuo de licencias, la armonización de normativas, la facilitación del transporte aéreo, la protección de los derechos de los pasajeros, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo de infraestructura.

Gloria Guevara, presidenta del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), también ha subrayado la importancia de esta iniciativa, destacando la necesidad de que las aerolíneas expandan su conectividad y establezcan corredores de viaje que fortalezcan los lazos con el "sur global", un área de creciente relevancia económica y estratégica.

El potencial de crecimiento es considerable si se compara el número de vuelos per cápita en la región con otras partes del mundo. Mientras que en México los habitantes vuelan menos de una vez al año, en Chile la media se eleva a 1.2 viajes anuales, y en Estados Unidos y Canadá, esta cifra alcanza los 2.6 vuelos por ciudadano. Sin embargo, en México, la implementación de este modelo enfrenta obstáculos, particularmente en lo referente al cabotaje, un anhelo de las aerolíneas nacionales e internacionales que actualmente se encuentra limitado por la legislación vigente.

Pérdida de Conectividad: Un Llamado Urgente

La recuperación del tráfico aéreo tras la pandemia de COVID-19 ha sido un proceso complejo para América Latina. A pesar de haber liderado inicialmente la reactivación de rutas, la región ha visto desaparecer un número significativo de conexiones aéreas. Según datos del ACI-LAC, aproximadamente el 20 por ciento de las rutas que existían antes de la emergencia sanitaria han dejado de operar, lo que se traduce en la pérdida de casi 600 pares de ciudades conectadas.

Rafael Echevarne lamentó esta situación, señalando que "hemos pasado a 3 mil 300 pares de ciudades tras la pandemia. Hemos perdido conectividad". Esta merma en la red de rutas aéreas tiene implicaciones directas en la actividad económica y turística de numerosas localidades.

La situación se agrava por la disminución en la capacidad operativa de las aerolíneas. Problemas en la renovación de flotas y planes de eficiencia operativa han llevado a las compañías a priorizar rutas más rentables, a menudo en detrimento de aquellas con menor volumen de pasajeros o menor beneficio económico. Es importante destacar que la mitad de los asientos disponibles en la región se concentran en rutas domésticas, mientras que la capacidad internacional de las aerolíneas se enfoca predominantemente hacia Estados Unidos y Canadá.

Ante este panorama, Echevarne reiteró la urgencia de incrementar las rutas intrarregionales, fortalecer la capacidad de las líneas aéreas y, de manera crucial, desarrollar la infraestructura aeroportuaria necesaria para soportar un mayor volumen de pasajeros. La liberalización de los cielos se presenta, en este contexto, no solo como una oportunidad para el crecimiento, sino como una estrategia fundamental para revertir la tendencia de pérdida de conectividad y posicionar a América Latina como un hub aéreo dinámico y competitivo a nivel global.

El sector empresarial y productivo ve en estas iniciativas un motor clave para la expansión económica. La mayor facilidad para el transporte de personas y mercancías, así como la potencial reducción de costos operativos para las aerolíneas, se traducen en oportunidades de negocio, mayor inversión y un impulso generalizado para el comercio y el turismo en toda la región. La armonización regulatoria, en particular, promete simplificar procesos y eliminar barreras burocráticas que históricamente han obstaculizado el desarrollo del sector. La visión de un mercado aéreo integrado y eficiente es un objetivo compartido por muchos actores económicos que buscan una América Latina más conectada y próspera.